12 enero 2026

LA OVEJA NEGRA

 

Un cuento de Italo Calvino

 

Había un pueblo donde todos eran ladrones.

A la noche cada habitante salía con la ganzúa y la linterna, e iba a desvalijar la casa de un vecino. Volvía al alba y encontraba su casa desvalijada.

Y así todos vivían en amistad y sin lastimarse, ya que uno robaba al otro, y este a otro hasta que llegaba a un último que robaba al primero. El comercio en aquel pueblo se practicaba solo bajo la forma de estafa por parte de quien vendía y por parte de quien compraba. El gobierno era una asociación para delinquir para perjuicio de sus súbditos, y los súbditos por su parte se ocupaban solo en engañar al gobierno. Así la vida se deslizaba sin dificultades y no había ni ricos ni pobres.

No se sabe cómo ocurrió pero en este pueblo se encontraba un hombre honesto. Por la noche en vez de salir con la bolsa y la linterna se quedaba en su casa a fumar y leer novelas.

Venían los ladrones, veían la luz encendida y no entraban.

Esto duró poco pues hubo que hacerle entender que si él quería vivir sin hacer nada, no era una buena razón para no permitir que los demás lo hicieran. Cada noche que él pasaba en su casa era una familia que no comía al día siguiente.

Frente a estas razones el hombre honesto no pudo oponerse. Acostumbró también a salir por las noches para volver al alba, pero insistía en no robar. Era honesto y no quedaba nada por hacer. Iba al puente y miraba correr el agua. Volvía a su casa y la encontraba desvalijada.

En menos de una semana el hombre honesto se encontró sin dinero, sin comida y con la casa vacía. Pero hasta aquí nada malo ocurría porque era su culpa: el problema era que por esta forma de comportarse todo se desajustó. Como él se hacía robar y no robaba a nadie, siempre había alguien que volviendo a su casa la encontraba intacta, la casa que él hubiera debido desvalijar. El hecho es que poco tiempo después aquellos que no habían sido robados encontraron que eran más ricos, y no quisieron ser robados nuevamente. Por otra parte aquellos que venían a robar a la casa del hombre honesto la encontraban siempre vacía. Y así se volvían más pobres.

Mientras tanto aquellos que se habían vuelto ricos tomaron la costumbre también ellos, de ir al puente por las noches para mirar el agua que corría bajo el puente. Esto aumentó la confusión porque hubo muchos otros que se volvieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.

Los ricos mientras tanto entendieron que ir por la noche al puente los convertía en pobres y pensaron -paguemos a los pobres para que vayan a robar por nosotros-. Se hicieron contratos, se establecieron salarios y porcentajes: naturalmente siempre había ladrones que intentaban engañarse unos a otros. Pero los ricos se volvían más ricos y los pobres más pobres.

Había ricos tan ricos que no tuvieron necesidad de robar ni de hacer robar para continuar siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres los robaban. Entonces pagaron a aquellos más pobres que los pobres para defender sus posesiones de los otros pobres, y así instituyeron la policía, y constituyeron las cárceles.

De esta manera pocos años después de la aparición del hombre honesto no se hablaba más de robar o de ser robados sino de ricos y pobres. Y sin embargo eran todos ladrones.

Honesto había existido uno y había muerto enseguida, de hambre.

FIN


10 enero 2026

CITAS PARA REFLEXIOANR

 

“El poder no cambia a las personas, solo revela quienes son realmente.”



Meril Streep: EEUU 1949; desarrolló su vida profesional en el cine, el teatro y la televisión; obtuvo tres Oscars con las películas “Kraemer contra Kraemer”, “La decisión de Sofía” y “La dama de hierro” (relato biográfico de Margaret Thatcher)

En el teatro destacó con “La fierecilla domada”(de William Shakespeare) obteniendo un gran éxito con la serie Holocausto (sobre la Alemania de Hitler).


UN POEMA PARA EL SÁBADO: RAFAEL ALBERTI

 

Te digo adiós, amor, y no estoy triste...

Te digo adiós, amor, y no estoy triste.
Gracias, mi amor, por lo que ya me has dado,
un solo beso lento y prolongado
que se truncó en dolor cuando partiste.

No supiste entender, no comprendiste
que era un amor final, desesperado,
ni intentaste arrancarme de tu lado
cuando con duro corazón me heriste.

Lloré tanto aquel día que no quiero
pensar que el mismo sufrimiento espero
cada vez que en tu vida reaparece

ese amor que al negarlo te ilumina.
Tu luz es él cuando mi luz decrece,
tu solo amor cuando mi amor declina.

 

Rafael Alberti Merello, Puerto de Santa María (Cádiz) 16 de diciembre de 1902, 28 de octubre 1999. Escritor español que fue especialmente reconocido como poeta, miembro de la generación del 27. También escribió varias obras de teatro, cuenta en su haber con numerosos premios y reconocimientos.

Su primera colección de poemas, “Marinero en tierra (1924), le sirvió para ganar el Premio Nacional de Literatura que compartió con Gerardo Diego.

Miembro de la denominada Generación del 27, la literatura de Rafael Alberti desarrolla elementos populares inspirados en las costumbres de su tierra andaluza, barrocos y surrealistas, sin perder, en parte de su obra, un enfoque sociopolítico.

En el año 1983 recibió el Premio Cervantes.


ACTIVIDADES PROGRAMADAS ENERO 2026

 


ACTIVIDADES PROGRAMADAS POR

“AMADUMA” DURANTE EL MES DE ENERO DE 2026.


DÍA 16. VIERNES. Visita guiada al MEET —Museo Ruso— para ver la colección

privada de pintura sobre el arte de los Austrias y la estupenda exposición fotográfica

de Marisa Florez sobre la transición española. 

Número de personas: cincuenta. 

Lugar: En la entrada del propio Museo. Hora: doce de la mañana. 

Actividad gratuita para los socios.


DÍA 29. JUEVES. Conferencia del catedrático de Historia del Arte don Juan

Antonio Sánchez.

Pendiente de confirmación. Se informará del título y la hora.

Actividad gratuita para los socios.


DIA 31. SÁBADO. Visita guiada a la Cueva del Tesoro en el Rincón de la Victoria.

Nos trasladaremos a ella en autobús privado. 

Hora de encuentro: diez y cuarto de la mañana. 

Lugar: Armengual de la Mota, frente a la Caixa. 

Actividad gratuita para los socios.


Los socios interesados en estas actividades pueden inscribirse mediante whatssap. Enviando un mensaje con sus datos y la actividad. 

Whatsapp: 640 53 00 91

09 enero 2026

UN ANÓNIMO WHATSAPP EN TIEMPO DE NAVIDAD

 

En esta época de las comunicaciones súper instantáneas, en las que sin embargo permanecen por doquier muchas soledades, anímicas y físicas, llegan a nuestros potentes aparatos electrónicos (móviles, tablets, ordenadores) mensajes de muy diversa naturaleza, que nos provocan sensaciones muy contrastadas y variadas. Algunos de esos mensajes nos generan satisfacción, alegría e incluso calor humano. Otros, por el contrario, resultan infortunados, desagradables y tantas veces inoportunos. Algunos de estos mensajes nos indignan, pues “juegan” con nuestra paciencia y sosiego. Especialmente, los de naturaleza publicitaria (empresas de telefonía, electricidad, seguros o ventas de productos específicos) pues nos llaman “a cualquier hora” de manera reiterada y contumaz. Muchas de estas llamadas proceden de provincias con las que no se tiene vínculo alguno y con la rareza de que cuando decimos “dígame” cortan la comunicación de inmediato, dejándote con la duda de “¿para qué llaman?”. En este contexto se inserta nuestra breve y curiosa historia.


FLAVIO Ramírez, 42, analista químico, separado conyugalmente desde hacía tres años, se encontraba en su apartamento terminando la cena. Lo acompañaba el sonido monocorde de una cadena televisiva. Como era habitual, sonó la señal de entrada en su Iphone de algún mensaje. De manera automática observó la pantalla, viendo que en su aplicación de whatsapp le enviaban una foto, desde un número que no estaba entre sus contactos. Entonces, movido por la curiosidad, entró rápidamente en la aplicación para ver el contenido de la foto. Para su sorpresa, la imagen enviada ya había sido borrada, frustrando su interés por verla. Revisó sus contactos telefónicos e incluso estuvo comprobando si desde ese número lo habían llamado alguna vez.

Como se encontraba un tanto aburrido del “tostonazo” del canal que tenía sintonizado, tuvo la ocurrencia de ejercer de “detective” a fin de averiguar quién era la persona que había utilizado su número. En principio, era razonable deducir que este comunicante se hubiera equivocado y había rectificado de inmediato, borrando la foto enviada. Pero ¿y si no había sido un equívoco o error? ¿Habría tenido alguna intencionalidad en la comunicación? Tenía una buena oportunidad para distraer su soledad, así que arbitró una habilidosa respuesta. Tomó la decisión de enviar un mensaje a través de esa nueva línea de Whatsapp que permanecía operativa. ¿Y qué le iba a escribir? Jugueteaba con el teclado discurriendo las breves palabras que pensaba enviar.

“Buenas noches. ¿quién eres? No te tengo en mis contactos. ¿Cómo has conocido mi número? Si ha sido un error, pues no pasa nada”

Tras enviar el mensaje, encendió su portátil, pensando en “navegar” por las redes un rato, buscando algo de distracción ante de irse a la cama. Llevaba unos minutos repasando los titulares de la prensa del día, cuando volvió a escuchar el conocido clic en su móvil. ¡Tenía respuesta a su mensaje!

“Hola, soy Anne. Necesitaba comunica con alguien y me inventé un número de teléfono, cuidando que los tres primeros dígitos fueran usuales en la proximidad. ¿Puedes decirme tu nombre?”


Flavio dudó en responder. Se preguntaba quién sería la tal Anne. Al ver que la respuesta no llegaba, esta mujer escribió otras palabras. “¿Estás solo? ¿Podemos compartir algunos minutos de conversación? El sorprendido analista químico se animó a continuar ese “travieso juego” que se había generado de una manera tan improvisada. 

“Bueno Anne. Mi nombre es Flavio. Me encuentro solo y me haría bien intercambiar unas palabras, ahora que se acerca la Navidad” De esta forma tan sencilla e inesperada comenzó entre ellos un curioso diálogo, en el que a medida que pasaban los minutos uno y otro comunicante fueron aportando datos, ilusiones y comentarios, en una aproximación personal un tanto insólita, sorpresiva e incluso divertida. Ambos daban muestras de la necesidad de comunicar. El tiempo transcurría y ambos parecían estarlo pasando bien. Flavio percibió que Anne era un tanto precavida acerca de su vida íntima. Le agradaba hablar de todo, pero evitaba en lo posible ser protagonista.  Al fin se despidieron, aplicando cortesía y el afecto cálido de una amistad “traviesamente” iniciada. Se comprometieron a que en la noche siguiente volverían a conectarse.

Flavio, taciturno pero muy ilusionado por los 45 minutos que la casualidad le había regalado, pasó por la cocina para hacerse un vaso de soja caliente con cacao puro. Tenía que tomar la pastilla que le ayudaría a descansar.

La noche siguiente, en fechas próxima a la Nochebuena, reanudaron la comunicación a partir de las 22:30. Hablaron, fundamentalmente de cosas sencillas, cómo les había ido el día, algunas anécdotas, también de la buena temperatura que estaban gozando en pleno diciembre… Anne era una persona agradable, parecía cariñosa, que sabía escuchar y comprender, al número que la suerte le había deparado. Ambos parecían tener problemas de soledad, que trataban de “suavizar” con esta pequeña aventura nocturna, que tanto les confortaba. Anne le había pedido, expresamente, el hablar sobre cualquier tema, pero le rogaba que respetara, por ahora, su íntima privacidad. Flavio respetó, desde el primer momento este comprensible ruego.

A la quinta noche, era viernes, el ilusionado analista tuvo la espontaneidad, a todas luces lógica, de sugerir a la “misteriosa” Anne si aceptaba compartir una merienda o cena para el sábado. Tendrían la oportunidad de disfrutar del fascinante espectáculo de luces navideño que adornaba y alegraba a la ciudad, en estas fechas tan señaladas del calendario.  Anne guardó unos “interminables” y breves minutos de espera para la respuesta. Al fin llegó el mensaje “Ten un poco de paciencia. Voy a grabarte un largo mensaje de voz”.

“En la vida, amigo Flavio, son muchas las cosas que vemos y escuchamos. Pero la verdad no siempre la encontramos detrás de esos hechos. Debo ser sincera contigo y descubrirte mi verdadera personalidad. Eres un buen hombre, que durante cuatro maravillosas noches me has regalado sencillez, verdad, ilusión, confianza. No mereces el engaño. Practico con frecuencia lo que te sorprendió y motivó. El recibir un Whatsapp con una foto que de inmediato se borra, suele mover a la curiosidad. Todos nos sentimos tentados a conocer que hay detrás de esta acción, detrás de un número telefónico de nueve dígitos. Así es como suelo hacer “amistades”. En ocasiones, interesantes contactos que me reportan vida, distracción y también importante sustento económico. Me puedes calificar con las palabras que consideres oportunas, tras conocer mi verdadero “oficio”. Pero, no mereces el engaño. Mi vida tiene no pocos nublados, para la tristeza, la necesidad y el sufrimiento. Pero he tenido que luchar para subsistir. A pocos minutos de hablar contigo, ya fui tomando conciencia que no eres la persona de la que me podría aprovechar, vendiéndote esa ilusión pasajera para sosegar los instintos. Por supuesto que no quiero perder tu noble amistad. Pero ahora, que ya conoces la realidad, eres tú quien debe decidir. Estaré en ese lugar y hora del sábado, Parador de Gibralfaro, que me has propuesto, desde como bien dices se tienen las mejores vistas de Málaga, ahora con la maravillosa iluminación navideña. En modo alguno me enfadaría, si no asistes a tu propuesta de encuentro. Siempre esperaré el fascinante momento de volver a escuchar tue palabras y el de compartir los limpios sentimientos que atesoras”. 


Flavio permaneció inmóvil tras escuchar tan prologada y expresiva comunicación, plena de sinceridad y grandeza, en lo humano. Se sentía muy abrumado y confuso, tras conocer el trasfondo de un número de Whatsapp desconocido y una foto que se borraba al instante. Creyó que no era el mejor momento para responder a Ann, considerando el estado anímico o emocional en el que se encontraba. Se fue pronto a la cama, cuando la noche arropaba a tantas vidas insomnes. Una pregunta recorría su mente, en dura negociación con el sentimiento ¿Qué debía hacer mañana, a las seis de la tarde?  El cielo y las estrellas, los astros que modelan nuestras voluntades, tendrían a bien decidir, en TIEMPO DE NAVIDAD.

 

José L. Casado Toro

Diciembre 2025



07 enero 2026

DEMASIADO TARDE


 

Esta mañana he decidido entrar en esta pequeña cafetería de barrio. Hay una mujer madura, de pelo negro y ojos tristes, sirviendo desayunos detrás de la barra. De vez en cuando levanta la vista para mirar su paisaje matutino. El cuerpo desgastado de un anciano reposa sobre la silla de un rincón mientras apura un cigarrillo clandestino echando el humo por la ventana entreabierta. Se retrepa y un gesto de dolor asoma a su cara.     

      Yo estoy sentado en la mesa más lejana de la barra para observar solo a algunos protagonistas de este micro mundo. El abuelo fumador, que guarda parecido físico con la mujer morena: Don Paco, lo llama el camarero al acercarse a su mesa con un café y un refresco de cola. Los ojos se le iluminan al ver llegar a una adolescente con una minifalda propia de su edad. Ella le tira un beso a la mujer de la barra, quien se lo devuelve con el gesto de una madre y se sienta junto al abuelo. Envidio su cercanía cuando la besa en las mejillas con cariño y empiezan a hablar y reír como si se contaran sus cuitas. No escucho la conversación por el barullo de alrededor. Ahora se le ve feliz, la muchacha parece haber ahuyentado los dolores que hace un momento le aquejaban.

      Acaban de entrar dos tipos trajeados riendo a carcajadas. Unos cuarentones de esos que se consideran empresarios de éxito, aunque por la pinta no lo parecen: trajes de saldo, corbatas de poliéster, camisas a la moda de hace dos o tres años y mocasines marrones. Van hacia la mesa contigua a la de don Paco y la joven, lanzándole miradas lascivas. El abuelo arruga con fuerza varias servilletas. Yo también siento rabia y mi  primera intención es levantarme, pero no lo hago. ¿Quién soy yo para intervenir si he tenido amantes o clientas a las que les doblaba la edad y otras que me la doblaban a mí? Me reconozco con facilidad en cualquiera de esos hombres en mi pasado, cuando el ego se me subió a la cabeza y arrastré la razón y los sentimientos a los pies. Cuando dejé a mi novia, con la promesa de volver, para hacer fortuna en Miami. La  que conseguí y dilapidé en un extenso catálogo de vicios. Ahora vivo de alquiler en Vallecas.

      Los tipos vociferan mientras señalan la pantalla de la televisión encendida y comenta el más brabucón: ¿Cómo quieres que el marido la deje salir vestida como una fulana? Se merecía esa buena paliza. ¿Usted qué piensa abuelo? Se gira y da un golpe sobre la mesa.

     Don Paco se endereza en la silla con la respiración entrecortada y un temblor acentuado en sus manos. La nieta se levanta a su indicación con paso rápido dirigiéndose junto a su madre y ésta apaga inmediatamente la televisión. Después camina mal encarada hacia la mesa de los indeseables. En tono bastante audible les dice que allí está reservado el derecho de admisión mostrándoles la puerta. Varios clientes se levantan poniéndose a su lado con los brazos en jarra. Los sujetos se marchan cabreados oyendo el abucheo general como música de fondo.  

     Esa mujer de pelo negro, hija y madre, sigue pendiente del funcionamiento de su bar sonriendo agradecida. Con el porte cansado, guapa todavía y una expresión insondable, mira orgullosa a la chica, su vivo retrato a la misma edad.

      Llevo tiempo rondando a escondidas este bar. No sé si ha sido una buena idea mi deseo de verlas después de tantos años. Una llamada tardía de mi conciencia aunque ahora me arrepiento.

       Un calvo barbudo y arrugado, con gafas de miope y muchos kilos de más: Ésa es ahora mi imagen y la mejor aliada para pasar inadvertido en este rincón. No merezco a esa mujer ni a mi preciosa hija, tampoco a don Paco, que ha suplido mi abandono. Nadie me perdonaría, ni siquiera yo.

                                              

        Esperanza Liñán Gálvez

05 enero 2026

25 AÑOS SIN CARLOS CANO: NO ES CANCIÓN, SE LLAMA COPLA

Artículo de Alberto Romero Ferrer, Catedrático de Literatura Española, Universidad de Cádiz. Publicado en la revista digital The Conversation.

Heredero directo y sin complejos de la copla y el pasodoble, la figura de Carlos Cano supuso un importante punto de inflexión respecto a la tradición de la canción española. Cano apareció justo en unos momentos, los años del tardofranquismo y la transición, donde todo ese mundo musical en blanco y negro destilaba un penetrante olor a nacionalcatolicismo y a una Andalucía de charanga y pandereta.

25 años después de su fallecimiento tenemos la distancia suficiente como para ofrecer una lectura sosegada sobre su significativa aportación a la cultura musical –y literaria– española. Tampoco debemos olvidar el fuerte compromiso social y artístico con los desheredados de la tierra asociado al autor de “Luna de abril”.

Carlos Cano nació a finales de los años 40 en una Granada caciquil anclada al pasado. Lo hizo, además, dentro de una familia muy castigada por el régimen franquista: su abuelo materno fue sentenciado a muerte a principios de la guerra civil, con todo lo que ello implicaba como estigma social.

En ese ambiente de posguerra y restricciones su banda sonora se nutrió, como la de todos los españoles de la época, de la copla y el flamenco. A través de la radio y el cine escuchó “Tatuaje” de Concha Piquer, “El emigrante” de Juanito Valderrama, “Los campanilleros” y los fandangos de La Niña de la Puebla.

Memoria histórica y cultura del exilio

Estas coplas y canciones de orígenes bastante humildes, también de consumo popular, adquirieron con el tiempo un papel esencial en la obra y trayectoria de Carlos Cano, para transformarlas en patrimonio cultural, social y político.

Durante su carrera, el cantante elaboró un interesante juego de complicidades éticas y estéticas muy comprometido con la lucha antifranquista y la defensa del nacionalismo andaluz. Así, reivindicó la copla como una categoría musical autónoma más allá de las manipulaciones, las lecturas y la apropiación interesada y esclerótica que de ella había hecho el régimen franquista. Esta apropiación se había realizado eludiendo los obvios orígenes republicanos del género, así como sus coqueteos con los aires libertinos y la obscenidad del cuplé.

Lo cierto es que la copla se había institucionalizado durante la II República española y fue símbolo de identidad en quienes tuvieron que exiliarse durante la dictadura al otro lado del Atlántico. Muchos de sus letristas y músicos siguieron compartiendo credos republicanos, como el caso de Ramón Perelló, anarquista, afiliado a la CNT y autor de los populares “Mi jaca”, “La bien pagá” y “La falsa monea”.

Cano recuperó letras y músicas de las obras de Perelló, pero no solo. Recogió el testigo de figuras como el polifacético y purgado por el régimen Miguel de Molina, el exiliado Ángel Sampedro Montero, “Angelillo” –uno de los más abiertos defensores de la República–, o el maestro Salvador Valverde –autor de “María de la O”–.

También se hizo eco del trabajo de Agustín Castellón Campos, “Sabicas” –uno de los pilares fundamentales de la guitarra flamenca– y de Encarnación López Júlvez, “La Argentinita”, y su hermana Pilar López –ambas herederas de “La Argentina”–. Nombres que destacan dentro de un amplio elenco de artistas que, tras la guerra civil y la represión franquista, tuvieron que huir al exilio para, en muchos casos, no regresar a España.

Padre musical del andalucismo

En 2025 –el 19 de diciembre– se cumple el 25 aniversario de la muerte de este cronista de su tiempo. Y el 28 de enero de 2026 Cano hubiese cumplido ochenta años como coplero y cantautor granadino estrechamente vinculado a las tierras gaditanas. A ellas les dedicó algunos de sus grandes éxitos, como las “Habaneras de Cádiz”.

Padre musical del andalucismo con su himno “Verde, blanca, verde”, el cantante también musicalizó varias obras de los poetas prohibidos, de Miguel Hernández a Federico García Lorca –Diván de Tamarit: Gacelas y Casidas–. Igualmente, reivindicó la música y las letras de la copla con sus álbumes Cuaderno de coplasQuédate con la copla y La copla; memoria sentimental.

En ellos interpretó temas republicanos como “¡Ay, Maricruz!” (1934), “Chiclanera” (1936) o “Falsa moneda” (1939), pero también coplas nuevas, como “María la Portuguesa”, o las populares “Habaneras de Sevilla”, con letra de Antonio Burgos. En su obra también merece recordarse su antología personal del género: De lo perdido y otras coplas.

El propio Cano llegó a afirmar que se puso a cantar copla en un momento en que era un género marginal, de homosexuales y franquistas, y que su labor ayudó a normalizar la situación. No obstante, también cultivó otros géneros como el bolero, el fado, el fandango, la murga, el pasodoble o el tango.

Nuevos aires para la copla

Un cuarto de siglo después de su fallecimiento, su legado, siempre en estado latente, vuelve con mucha fuerza gracias a una recodificación contemporánea en donde la tradición dialoga con los ritmos del jazz, el pop, el rock, el rap o la electrónica.

Así sucede, por ejemplo, con el pasodoble de Genaro Monreal, Camilo Murillo y Francisco Naranjo, “Campanera” (1953) dentro de la canción “Demasiadas mujeres”, de C. Tangana. En otro orden, también se está llevando a cabo la recuperación del repertorio histórico para públicos desconocidos gracias a voces como Pasión Vega –Pasión por Cano–, Diana Navarro, o los talent shows de copla como La bien cantá.

En todas estas realidades de la copla, hoy se siente el magisterio y compromiso de Cano, de la literatura a la música y de la música a la conciencia andaluza, de acuerdo con un pueblo y una cultura con una fuerte marca de identidad.




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